La página de Camilo Guevara Serafíni
No hay porque pensar que la matemática es más exacta que la teología o que la filosofía. En eso también, se equivoco Descartes. La buena fe tiene exactitud y conlleva un orden divino del que no es recomendable dudar, sino que es más fructífero buscar la certeza.
Hemos sido creados y ya nos equivocamos desobedeciendo al comer la manzana. Ahora estamos siendo probados y somos libres. Al que no le gusta el bien, tiene la alternativa del infierno, donde la duda es cosa de todos los días.
Tenemos la promesa de vida eterna. La luz guía la razón para lograrla. Al dudar nos hundimos en las aguas sobre las cuales antes caminábamos, como le paso a Pedro.
Muchas veces la duda tiene un valor negativo que sirve para deslegitimizar las ideas del bien. Hay una diferencia entre dudar y desconocer algo. Podemos tener un misterio, algo que no es dado a nuestras capacidades, algo que desconocemos, pero diferente a eso es dudar que es más oscuro, sí el negro o el blanco. En el medio esta el gris y eso no nos tiene que servir para utilizar la duda metódica.
Mas vale pájaro en mano que cien volando: La certeza nos da animo y optimismo para seguir y no detenernos en cosas ya observadas y comprobadas. Si hay algo que no sabemos, no quiere decir que no podamos continuar con lo que tenemos y dejar la pregunta abierta. Conocer no es dudar y dudar no es conocer. ¿Que hubiese sido de David si dudaba a la hora de enfrentar a Goliat? Es cuestión de ponerle un poco de valentía y coraje al enfoque de estudio. Esa es la buena fe, darle para adelante y saberse ganador, pues el bien siempre triunfa. El orden natural es la guia y su continuación el objetivo.
La certeza metódica nos hace partir de la idea del bien, y ayudar del lado correcto. Mantener la observación despierta con objeto de conocer y solucionar problemas, de modo de trabajar en la dirección, que nos dé más certeza y así, de modo de estar en un circulo virtuoso.
Otra premisa de la seudo ciencia es que la incertidumbre es un principio de la organización y que el caos funciona con el orden. Un ejemplo que refuta esta idea, es el cáncer. Las células cancerigenas son caos y, pueden llevar a la muerte. La vida necesita el orden y repele el caos.
El método de la certeza nos ofrece la oportunidad de cumplir con el Plan Divino, que es misterioso y tiende a la perfección. Sabemos por su testimonio, que Jesús volverá a la hora de la Parusía. La duda no debe ser mas que algo momentáneo de lo que hay que salir. Se puede tener una laguna mental, pero esto no es un método, Al final conviene decidir. Frío o caliente, siendo tibios somos vomitados.
La ciencia tiene el deber de guiarnos a la mejoría de la vida, cuyo objetivo es trascendente y por el cual podemos pedir orden a lo alto. De otra manera, perderemos el camino recto y el caos es la alternativa.
Sin ser exhaustivo marco tres datos de la ciencia del bien. Primero, es muy interesante lo que sucede con el avance del estudio de las células madres. En un futuro cercano la ciencia podrá desarrollar tejidos para transplantarlos a un ser vivo. Esto es evidentemente una mejoría de la vida.
Segundo, un avance significativo es el salto adelante que se dio en las ciencias sociales: hoy no se discute en la Ciencia Política que la democracia es el mejor sistema político y su desarrollo se da en todo el globo. Los índices de desarrollo humano mas altos se encuentran en los países que aumentan cada vez mas la democracia. Los procesos integrativos a nivel regional y la justicia internacional, llevarán pronto a la formación de un poder ejecutivo mundial, el cual es el deber ser de la Alta Política Internacional: lo que es necesario para la solución de problemas globales, como las armas de destrucción masiva, el tráfico ilegal de personas, el narcotráfico, la contaminación ambiental, el hambre y la vulneración de los derechos y deberes de la especie humana.
Tercero, el conocimiento que se tiene del ADN, sirve para encontrar personas por su estructura genética.
La razón a voluntad es el titulo de este escrito, porque en ningún momento la razón debe estar divorciada de lo que nos dicte el corazón contrito. Para guiar la razón tenemos la voluntad y la buena fe. Esto nos da certeza y nos salva de vivir en un mar de dudas.

